ARISTODEMO                    Un lugar literario
Balada de Aristodemo         Gonzalo Rodas Sarmiento

  Sócrates es invitado a un banquete

   Soy un discípulo de Sócrates,
   mi nombre es Aristodemo;
   tanto lo admiro que voy y vuelvo
   de Atenas hasta mi pueblo;
   soy el menor de sus amistades,
   para muchos, el Pequeño.

   El modo del Maestro se encamina
   en busca del uno mismo,
   nos manda muchísimas preguntas,
   impulso a hallar camino;
   movió mi pensar hacia la vida,
   también a saberme digno.

   De sus inicios en la escultura
   ahora se ríe, y revela:
   "Antes de ayer intentaba dar
   figura humana en la piedra,
   mientras algunos humanos viven
   como queriendo ser piedras".

   Manifiesta que siempre debieran
   gobernar los eruditos;
   es Maestro de vida templada,
   con su esposa y sus tres hijos,
   y le gusta salir sin sandalias,
   unas veces yo lo imito.

   Porque fui muy tenaz en estudios,
   su amistad me regaló
   a pesar de tener más edad,
   muchos años más que yo,
   me pidió hace ya algunos días
   ir con él donde Agatón.

   Era Sócrates el invitado
   a un importante banquete;
   en la calle se encontró conmigo
   y me pidió le siguiese:
   "La divina voz que guía mis pasos,
   de esa manera lo quiere".

   Quise saber si entre puros sabios
   cómo puedo yo valer,
   teniendo en cuenta mi poca edad,
   para dar yo no tendré;
   solamente para recibir,
   por talento de aprender.

   Estando muy cerca de llegar,
   la prudencia lo detuvo,
   acaso por la voz misteriosa,
   es tan clara y no la escucho;
   "ve tú adelantado, pronto llego",
   me pidió con un susurro.

   Fui recibido con entusiasmo
   si me invitaba el Maestro;
   ya se sentaban para comer
   con Agatón muy contento,
   su formidable tragedia escrita
   le hizo ganar un buen premio.

   Cuando Sócrates hizo su entrada
   ya posábamos comiendo;
   no intentó demasiado comer,
   observé con mi silencio;
   vino pronto ocasión de beber,
   sin exceso fue el acuerdo.

   Sobremesa es motivo especial,
   hacia Eros van discursos;
   en mi caso es honrado decirlo,
   no preparé algún discurso,
   ni tampoco se espera que yo
   para opinar tenga un turno.

  
  El amor lo preside todo

   De a poco ingresaron en materia,
   bendecidas suaves gotas;
   saltando sutil divagación,
   en la mente van mis notas,
   poniendo una mágica confianza
   en mi espléndida memoria.

   Se preguntan si es Eros anciano
   o es antiguo por lo menos,
   ¿ Es acaso el primer dios que había ?
   No es posible nada de eso;
   fue el primero nacido en matriz,
   de Afrodita, sí, por cierto.

   Escuché con cordial atención,
   el dios Eros nos inspira,
   y también a la princesa Alcestis,
   la promueve a valentía;
   si murió por su querido esposo,
   entre dioses tuvo vida.

   Mencionaron entonces a Orfeo,
   muy criticado por alguien,
   si mirando hacia atrás fracasó,
   trae su amor de aquel Hades;
   observado en error por su amada
   no quisiera estarlo nadie.

   El amor acerca a las personas,
   no parezcan ignoradas;
   es el Eros bello y mejor dios,
   nos da dicha regalada
   si el amor está orientado al bien
   y se ajusta a la templanza.

   El amor preside todo asunto,
   y también lo musical;
   las personas no simulen que aman
   por ganancia atesorar,
   ni portarse como los esclavos,
   ni tampoco suplicar.

   Permanece fiel toda la vida
   quien un alma bella gusta;
   cuando se ama sólo un lindo cuerpo
   ese amor así no dura;
   el placer que el amor proporciona,
   que al desorden no conduzca.

   Ciertamente hay dos modos de amar,
   ¿acaso hay dos afroditas ?
   Las distintas maneras de amar,
   todas quieren estar lindas;
   la manera imperfecta de amar
   nos dará fugaz delicia.

   Un comediante de mucha fama
   estaba entre los presentes,
   él afirmaba tener mucho hipo,
   gracioso sea lo que cree;
   en su momento fugaz de hablar
   se exime apropiadamente.

   Y después en inquietos instantes
   dio su discurso este tipo,
   dedicó mucho tiempo a burlarse,
   lleno de vanos prejuicios,
   de quien tenga su yo-femenino
   tanto como el masculino.

   Nos pidió que honremos a los dioses
   y evitar así un castigo;
   nos pidió que intentemos copiar
   el mejor estado antiguo:
   poseer a la persona amada
   como piden los caprichos.

  
  Lo eterno en Sócrates

   Para el insensato comediante
   hubo respeto y paciencia;
   Sócrates afirmó que ahora estamos
   para alabar en nobleza;
   y habló desde una sacerdotisa,
   la sabia de Mantinea.

   Tratar de ser exacto al hablar,
   así el saber será bello;
   amar conduce hacia la belleza
   y al grato conocimiento,
   grandiosa es la belleza del alma,
   es más preciosa que el cuerpo.

   Descubrir propósito de vida
   ya que amamos lo inmortal;
   la mortal naturaleza ansía
   devenir en inmortal;
   la persona desea adquirir
   una gloria inmortal.

   Hay muchos matices del saber,
   entre sabios e ignorantes;
   hay héroes y dioses inferiores,
   entre dioses y mortales;
   va siendo el dios Eros un menor
   entre las divinidades.

   Por el modo como fue gestado
   en aquella alegoría:
   de Abundancia y de Necesidad,
   la asomada luz mendiga,
   al final de fiesta celebrando
   cumpleaños de Afrodita.

   Tarde llega un hombre más a casa,
   aquel hombre venía ebrio;
   lo admitieron y se puso a hablar
   con elogios al Maestro,
   lo trató como al varón amado,
   masticando amargos celos.

   Al notar la molestia del Maestro,
   aquel dejó sus fantasmas,
   prefirió el camino de alabar
   cada belleza de su alma;
   pero estando ya frío el evento,
   ninguno más dijo nada.

   Después del evento transcurrió
   el vivir como si nada;
   andando el tiempo en alguna gente
   un aspecto no gustaba,
   porque a los prejuicios obstinados
   el Maestro puso distancia.

   Severa censura a mi Maestro,
   en una triste comedia
   ha escrito el nombrado comediante;
   y vino injusta querella
   de darles a algunas juventudes
   extrañas deidades nuevas.

   Con un falso juicio al Maestro
   condenaron a una muerte
   venenosa como la cicuta;
   lo sufrimos tristemente;
   pisoteada toda intervención
   por tratar de defenderle.

   Voy a los cursos del gran Platón
   cuando estoy en las Atenas,
   sigo obteniendo sabia enseñanza,
   mi maleta ya está llena;
   junto a Aristóteles, hombre joven
   en ufana adolescencia.

  
  La sabiduría de Platón

   Platón es el gusto al escribir
   actuales sabidurías;
   admiro el hallazgo de las Formas
   su más genial teoría,
   mayor entre muchas fabulosas
   escuchadas en mi vida.

   No es lo mismo cualquier cosa bella
   que la belleza en sí misma;
   eso bello es del mundo sensible,
   más terrenal que las cimas;
   avanzad por el mundo de Formas
   esenciales y genuinas.

   El mundo sensible es apariencia,
   es tan solo como sombra
   del mundo esencial y trascendente,
   una imagen de la Forma;
   captamos por frágiles sentidos
   devenir que se transforma.

   Ese mundo sensible que fluye
   consta de dos universos:
   con altura es el mundo del alma,
   tiene el pensar y el afecto;
   más afuera es el mundo del cuerpo,
   tiene tangibles objetos.

   La Forma es el ser inalterable,
   el talento en lo esencial,
   trasciende lo externo en la Belleza,
   la Justicia y la Verdad;
   la Forma del Bien es la perfecta,
   sobre todas las demás.

   Entraré a conocer cada Forma
   cuando intente recordarla;
   apreciar una Forma es nobleza
   de pasiones en el alma
   y regala una fuerza especial
   destinada a gobernarlas.

   Existen dos modos de saber:
   mirando mundos sensibles
   tenemos distintas opiniones
   inseguras y falibles;
   el único pleno conocer
   con las Formas se permite.

   Asistido por mi amada esposa
   estoy un anciano vivo;
   doy gracias por tantísimos años,
   llegando a ser fiel testigo
   de sabios pensamientos humanos
   y nobles actuares dignos.

   Supe también de sabia mujer,
   es Diótima la admirada,
   tiempo vivió mucho antes que yo,
   jamás obtuve escucharla;
   puro es amor mostrado por ella
   al bello fulgor del alma.

   Debiese ya tener buen prestigio,
   no es así porque es mujer;
   unos dudan qué puede pensar
   y enseñar una mujer;
   Platón defiende la gracia noble
   que atesora la mujer.

   El Maestro en tan sana cuestión,
   escuchado aún no ha sido;
   logrará la mujer un lugar
   cuando pasen breves siglos;
   en Amor lo ha tenido por siempre
   a pesar de los prejuicios.