Renovaciones
-Buenos días.
-Siempre son buenos.
-Casi siempre.
-Bueno..., mejor de lo que podrían haber sido.
-Tienes razón. Parece que somos de distinta época.
-Creo que no te equivocas. Yo soy del siglo 20.
-Pues, yo estuve un poco en el siglo 18 y otro poco en el 19. Me llamo Camilo.
-Mi nombre original es Angelo, pero después lo cambié por Giovanni.
-¿Italiano? Veo que también somos de distinto país.
-Sí. Italiano. ¿Y tú?
-Chileno. Fraile de la Buena Muerte. Y eso que esa Orden no estaba en Chile.
-¿Cómo así?
-Es que a los quince años me enviaron a Lima a continuar mis estudios. Era como la capital de América del Sur. Allí viví muchos años. Y allí me ordené sacerdote.
-Entiendo que si nos hemos encontrado es porque tenemos cosas en común.
-No me digas que también fuiste sacerdote.
-Te lo digo.
-Bueno, pero yo era un poco atípico, debo decir sinceramente.
-¿Por qué lo dices?
-Porque a pesar de mi voto de obediencia, yo leía libros prohibidos. Por ejemplo, de Jean Jacques Rousseau.
-Me imagino que eso te ha traído problemas.
-Claro que sí. Fui censurado por la Inquisición española. Ten en cuenta que en ese tiempo éramos Colonia.
-Lo siento, verdaderamente. ¿Cómo pasaste eso?
-Fui a parar a una mazmorra. Por varios meses, hasta que el Fraile Superior consiguió que me enviaran a Quito. Fue bueno porque pude entrar a estudiar Medicina, aunque sólo unos pocos meses. Volví a Chile.
-Yo viví una experiencia similar, aunque no tan dramática.
-¿Cómo fue eso?
-Tuve que dejar mi Cátedra en la Universidad en Roma, porque fui acusado de modernismo. Me enviaron a Bulgaria. Fue bueno, porque eso marcó el inicio de mi carrera diplomática.
-¡Ah! Tú eras un cura de alto nivel.
-En ese tiempo era obispo.
-¿Y después de Bulgaria...?
-Fui Nuncio en Grecia y Turquía. Al mismo tiempo. Países que estaban en conflicto.
-¿Y después?
-En eso estalló una guerra mundial. ¿Te puedes imaginar eso?
-¡No!
-Hacia el final de la guerra me trasladaron a Francia, para resolver las dificultades que había en la Iglesia francesa, país invadido por un dictador racista.
-¿Esas cosas... pasaban en el siglo 20?
-No quiero ni imaginar lo que pasará en el siglo 21.
-Bueno, pero me estabas contando acerca de esa horrible guerra.
-Durante ese tiempo logramos socorrer a muchos judíos, que eran perseguidos. Les conseguimos documentación para viajar al continente americano.
-Tú debes haber sido diplomático en todas tus actitudes. Lo que podríamos llamar "tu vida real".
-Ahora que lo dices, y con tanta claridad, recuerdo una pequeña anécdota que te puedo contar.
-Te escucho.
-Cuando yo era patriarca de Venecia, había un sacerdote que frecuentaba un prostíbulo. Lo esperé un día y le dije que quería confesarme. Con ese objetivo fuimos a palacio. Después de recibir la absolución, le dije "Tienes un don maravilloso para rescatar a los pecadores y pecadoras".
-Eres grande, Giovanni. Eso debe haber sido sanador para él y para aquellas mujeres.
-Sí. Se dio cuenta de la importancia del perdón.
-A propósito, tú podrías sacarme de una duda que tuve durante toda mi vida. ¿Qué significa que el pecado contra el Espíritu Santo no se perdona? Está en Lucas 12.
-Pecar contra el Espíritu Santo significa haber repudiado todo lo positivo que hay en el ser humano. Incluyendo el perdón. Si alguien repudia el perdón, ¿cómo podría esa persona recibir perdón? Para ser perdonado, es esencial valorar lo que eso significa.
-Eres una gran persona. Yo, ahí, no más, me gustó la Orden de la Buena Muerte porque tiene un cuarto voto, de asistencia a los moribundos.
-En eso, tenemos otra coincidencia. En la primera guerra mundial fui sargento de sanidad.
-¿Sabes? A mí me habría gustado ser médico. En Buenos Aires intenté continuar mis estudios de Medicina, pero alcancé a estar un poco más de un año. La situación económica no me permitió perseverar.
-¿Cómo fue eso de haberte ido a vivir a Buenos Aires?
-Es una larga historia. Todo empezó con la proclama.
-Cuéntame.
-Estando en Chile, que era colonia española en vías de emancipación, escribí una proclama revolucionaria, que circuló por las calles de Santiago. En ella me referí a la esclavitud, a los derechos de las personas, y a la necesidad de tener un parlamento.
-Te adelantaste a tu época.
-Por lo menos el Papa Pío VII incitaba al clero de América Hispana a "destruir la cizaña sembrada por el enemigo", refiriéndose a muchos que pensaban como yo.
-Me lo puedo imaginar claramente. Te cuento que cuando estuve en Francia ya se hablaba allí de una nueva teología. Surgieron los curas obreros. Fueron muy resistidos por la jerarquía. Incluso, un poco antes de mi muerte ya se empezaba a hablar de una nueva teología..., de liberación..., precisamente en América Latina.
-¡Qué largos son los procesos!
-¿Y qué pasó con la proclama?
-Se instaló el primer Congreso Nacional. Fui elegido senador y llegué a ser Presidente del Senado.
-De un país en vías de emancipación.
-Efectivamente, en vías. Porque a los dos o tres años la rebelión fue derrotada y tuvimos que exiliarnos en Argentina. Fue angustioso y me sentí muy solo.
-Pero fuiste un iniciador, y eso es muy valioso.
-Hasta fundé un periódico cuando estaba en Chile.
-Lo que son las cosas. Al final..., yo fui Papa. Entonces inicié un Concilio, para que entrara aire fresco a la Iglesia. Con invitados cristianos no católicos, con derecho a voz.
-¡Qué grandioso!
-Fue importante, pero tendrá que darse la ocasión en que se haga un nuevo Concilio, pues la Iglesia siempre se va quedando atrás.
-Te confieso que..., en cierto momento, yo dejé de usar la sotana. Fui muy criticado por eso.
-Adelantado a tu época. Ya te lo dije.
-Bueno, ya seguiremos conversando.
-Así sea.
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