Niñez
-Veo que hoy es mi día de suerte.
-¿Por qué, señor. . . ?
-Hans Christian es mi nombre. Y la suerte es encontrarme contigo.
-¿Acaso usted me conoce?
-No, pero en este ámbito eso da igual.
-Yo soy Marcela. Y no me viene mal conversar un rato.
-¡Qué bueno! ¿Quién empieza?
-Usted, por supuesto.
-Ya puedes tutearme. Recuerda que no tenemos edad.
-Está bien, Hans Christian.
-En vida me dediqué a escribir.
-¡Yo también!
-Ya sabía yo que tenemos algo en común.
-Sí, pero yo escribí historias de niño. En realidad, para niños y adultos.
-Igual que yo. ¡Qué coincidencia!
-Fue lindo dar vida a un personaje niño, que conquistó a mucha gente. Le llamo Papelucho, porque a mi marido, José Luis, le decían Pepe Lucho.
-Me dan ganas de leer acerca de Papelucho, a quién nunca conocí.
-Pero, te conociste a ti mismo cuando eras niño..., supongo.
-Tuve una niñez muy movida, con algunos aspectos buenos, y otros no tanto.
-¿Me hablarás primero de los buenos?
-Sí, Marcela. Gracias a mi padre, que me fabricó un pequeño teatro con marionetas. Yo jugaba con eso, imaginando un público que aplaudía.
-Parece que eras solitario, como yo.
-Sí. Y había una adivina, amiga de mi mamá, que leía el futuro a la gente en los naipes, y les daba pociones mágicas. Ella despertó mi imaginación.
-Bendita imaginación, alma del que escribe. A mí me la despertó mi institutriz. Nunca fui a la escuela, ¿sabes?
-Yo fui a la escuela, pero sólo hasta los once años, cuando murió mi padre.
-A mis once años murió mi hermana mayor. Ésa fue la gran tristeza de mi niñez.
-Ya que empezamos con las tristezas de infancia, la mía fue muy pobre. Vivíamos en una pequeña habitación. Mi padre era zapatero, y mi madre lavandera. ¡Ah! Pero, no todo ha sido triste.
-Me gusta cómo privilegias lo bueno.
-Sí. Una vez que mamá le llevaba la ropa limpia a una señora de la nobleza, la acompañé, y ocurrió que el hijo de esta señora se metió en dificultades, y yo lo ayudé a salir.
-Eras un buen muchacho.
-Gané un amigo, y eso fue bueno para mí. Fui muchas veces a jugar con él.
-¿Y qué puedes decirme de tus personajes?
-El patito feo. Ése era yo mismo. No sólo feo, sino que distinto a los demás. Yo fui ese niño que no lograba encajar en su mundo.
-Y que después descubrió que no encajaba porque no era tan superficial como los demás... Era un cisne.
-¿Lo leíste?
-Por supuesto. ¿Quién no lo ha leído?
-Lo que más quería era ser cisne en vez de pato feo.
-Y gracias a esa aspiración lograste serlo.
-Otro de mis personajes es una niña que vendía fósforos. Esa pequeña daba luces.
-También leí un cuento tuyo que me gustó mucho, acerca de un sastre que le tenía que hacer un traje al rey. Disfruté ese cuento. Es genial.
-Y yo disfruté escribiéndolo, Háblame de Papelucho.
-Es un niño inquieto e imaginativo. Le pasan las mismas cosas que a cualquiera, o por lo menos, las que me pasaban a mí cuando niña. Eso sí, él las interpreta ingeniosamente. Traté de hacerlo divertido.
-Creo que tú y yo somos eso que llaman "almas gemelas".
-Será por eso que una vez me dieron un premio literario que lleva tu nombre.
-Te aseguro que alguna vez habrá un premio literario que llevará el nombre tuyo.
-Gracias, Hans Christian. Adiós
-Adiós, Marcela.
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