En el comienzo de oración
ha de surgir una alabanza;
no en beneficio del buen Dios
como si bien necesitara.
Es yo mismo quien lo requiere
porque así es la buena manera
de sentir en flujo evidente
la sutil divina presencia.
Me dispongo a hacer oración,
liberar los rasgos cautivos,
cómo ver el rostro de Dios
es mirar espejos divinos.
Muestro mi actitud de aceptar
el Reino de Dios que está en mí,
siendo la divina verdad
celeste llegando hasta aquí.
No basta con el buen vivir
brotando siempre lo mejor;
hay algo más que descubrir,
feliz y hermosa es la oración.
El perdón desde cierto edén,
a borrar nuestro mal servicio
generoso viene también
para quienes me han ofendido.
Suplico en favor solidario,
paliar en la forma que puedo,
pedir por mis seres amados
también por los muchos enfermos.
Una oración de gratitud
reconociendo bendiciones,
es sanadora la actitud,
por cotidianos esplendores.
Es el diálogo trascendente
sustancial forma de oración;
claridad y apoyo proceden
al tomar una decisión.
Siempre es momento de escuchar
una intuición preponderante
que pareció casualidad,
tiene brevísimo mensaje.
Estoy atento a los sucesos
que intentan romper la rutina,
medito en un breve silencio
buscando presencia divina.
Descubro sentidos del alma,
y siento susurros de Dios;
es santo evangelio que me habla,
color de acuarela me dio.
Jesús mi fuente le visito,
azul vibrando he de captar
como lo hacía cuando niño
hablando adentro en soledad.
Con mis brazos él va a abrazar,
con sus ojos yo miraré,
por mi boca él pueda expresar,
y camine con mis dos pies.
En vibraciones de los santos
de un monasterio ancestral,
un trascendente dignatario
leve me anuncia que hablará.
He de acogerlo con agrado
porque me ha dado a entender
que ese llamado tan extraño,
en cierta voz va a suceder.
Busco una dosis de confianza,
la da el Espíritu Sagrado;
lo invoco en el centro de mi alma,
para obtener el entusiasmo.
Permanezco siempre buscando
la santa presencia divina,
un buen respirar cotidiano
con entorno azul comunica.
Flujo musical de viva agua
me lleva por muchos canales;
uniendo el antes y el mañana,
también los niños celestiales.
Vigor milagroso de fe
desata asombrosos prodigios,
felices sorpresas del bien
ocurren si existe un motivo.
Tras aquel regalado evento,
esa mística azul vivencia,
ya podré ir a buscar de nuevo
una fuente de amor inmensa.