Soy aquel discípulo irreverente,
un vivo personaje imaginario;
al menos, permitid que me presente:
No critico más de lo necesario.
Sólo nos salva la fidelidad
a toda siempre divina palabra,
más que a alguna caduca potestad
la de falsa llave que el reino no abra.
Tened en cuenta mi punto de vista,
nunca pretendo algún caso juzgar,
tan solo reconocer una lista
de cosas que Cristo vino a salvar.
Sólo me refiero a las nuevas cartas,
no a todas ellas sino a las extremas,
esos textos que tú también apartas,
ya comienzan a brillar como lemas.
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Antes de eliminar la reverencia
voy a señalar las que son candiles,
ocultas en un mar sin trascendencia,
cartas de Pablo apóstol de gentiles.
Bellísima es la carta a Filemón,
tiene vida en un mensaje precioso.
Por favor, leedla en toda ocasión
como inicio de un instante gozoso.
Leo Romanos y me lleno de hadas;
Pablo saluda a la apóstol mujer,
también a clericales consagradas.
¿Cómo perdí lo femenino ayer?
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En el Doceavo de esa misma carta,
un mismo cuerpo lo formamos todos,
con sus dones, ser María o ser Marta,
para animar y servir en sus modos.
La canción al Amor es fabulosa,
en Trece de Corintios principal,
de todas las cartas la más grandiosa,
debiera en la enseñanza ser central.
* * *
Ya es tiempo de ver algo menos santo,
ausente en el canon original,
y pasando por encima del canto,
está la carta Hebreos fantasmal.
Los más antiguos hebreos creían
que los sucesos eran provocados,
en todo lo trágico que traían,
por Dios para castigar los pecados.
Ya fueran los propios o los del padre,
tal prejuicio Jesús vino a quitar;
dijo que no pecó él ni su madre;
Cristo ha venido a nosotros sanar.
En esa carta se albergan intentos
de hacer sobrevivir antiguos ritos
de superados sacerdotes cruentos
dando muerte a inocentes corderitos.
Ponen a Jesús como sacerdote
aunque nunca hubo tal afinidad;
ellos no quisieron subir al bote,
ni mostraron señales de amistad.
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Los dibujos del Cristo Redentor
están en nuestra iglesia desvirtuados;
¿acaso él no nos salva con Amor?
Con sangre no se lavan los pecados.
Restauremos la imagen de Jesús,
la del sabio Maestro y su enseñanza;
con su vida nos redime Jesús,
la Palabra de siempre es la esperanza.
Los planes de Dios son planes de vida,
traemos uno a nuestra ropa adherido;
muchas veces nos pasa que se olvida
y surge un plan humano pervertido.
Jesucristo enseñó fidelidad
al plan divino cosido en el manto;
los infieles rechazan la verdad,
la vida y el camino al bello canto.
Jesús también enseña con su muerte,
fidelidad al mensaje divino;
que Cristo llegue con mi brazo fuerte,
signos de vida son el pan y el vino.
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Hay un tiempo para llorar las penas
y un tiempo para disfrutar los dones.
¿Por qué el dolor adorna estampas buenas
en el arte, los templos y portones?
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