ARISTODEMO                    Un lugar literario
Diálogos insondables         Gonzalo Rodas Sarmiento

  Conflictos insolubles

   -¿Cómo es tu nombre?
   -José Manuel. ¿Y el tuyo?
   -Dean. Oye, José Manuel, tu cara me parece conocida, creo que te he visto antes.
   -¿Sí? Pero yo a ti no creo haberte visto antes.
   -Esos bigotes que tú usas son inconfundibles.
   -¿Es posible que hayas visto una fotografía?
   -Puede ser... ¿De qué país eras?
   -De un pequeño país, largo y angosto, en el sur de América.
   -¡Ah! Yo estuve en una ocasión interesado por aprender la historia de esos pueblos.
   -Por ahí ha sido. O sea que tú eres mucho más joven que yo.
   -Sí. Ya me acuerdo. ¿Fuiste un Presidente?
   -Sí. Yo fui Presidente de la República.
   -De Chile, ¿cierto ?
   -Sí. ¿Conoces Chile?
   -¡Que si no lo voy a conocer... ! Es mi segunda patria.
   -A ver... Explícame eso.
   -Te cuento la historia desde el principio. Yo era un cantante, en USA, mi país de origen, pero no tenía mucha llegada. A pesar de haber grabado discos, apenas me conocían.
   -A ver, espera un poco... En mis tiempos, estaban recién inventando el micrófono y el fonógrafo. Incluso, escuché hablar del disco, como un invento muy moderno.
   -Bueno, un siglo después ese invento ya había evolucionado a algo trivial.
   -Perdona la interrupción. Sigue, no más.
   -Me enteré que una de mis canciones, mi favorita, estaba en el primer lugar del ranking en Chile. ¿Te puedes imaginar?
   -Claro que sí. Mis compatriotas son muy afectuosos.
   -El caso es que me fui de gira por el cono sur, y me detuve especialmente en Santiago de Chile. Es que ahí yo estaba fascinado. Me enamoré de tu país. Después estuve viviendo en Santiago durante algunos años.
   -¡Qué genial!
   -En Chile tomé conciencia, como ser humano..., es que conocí una realidad difícil, que antes nunca había visto.
   -¿Fue duro?
   -No. Fue un importante conocimiento nuevo. En Chile, yo era feliz.
   -¿Qué tendencia política gobernaba?
   -Al comienzo, un conservador; después, la democracia cristiana, un partido de centro. Y al final, llegó al gobierno un socialista. Fue elegido, y yo participé en su campaña... Cantando, claro, si eso es lo mío.
   -¡Qué increíble evolución! Desde la derecha hasta la izquierda.
   -Sí. Había una tremenda mística. Y también había polarización.
   -Si había polarización, ¿cómo pudo surgir ese gobierno de centro, entre medio?
   -Bueno, además de que en ese momento la polarización no era tan fuerte aún, la Derecha tuvo que apoyar esa candidatura, a regañadientes, por miedo al socialismo.
   -La polarización surge cuando uno de los extremos es muy fuerte. Es inevitable que crezca el otro.
   -Tienes toda la razón.
   -Mira. Al comenzar mi gobierno, la primera polarización que había era religiosa. Mi partido era anticlerical. Y el partido de la oposición era extremadamente católico.
   -¿Y había alguna entidad más centrada?
   -Mis seguidores más cercanos, y yo mismo.
   -¿A pesar de tu partido?
   -Efectivamente. Desde gobiernos anteriores se estaba viviendo una situación de conflicto entre el poder político y el poder religioso. Para que te formes una idea, basta con decirte que no había Arzobispo de Santiago.
   -¿Durante mucho tiempo?
   -Durante varios años. Estaban cortadas las relaciones diplomáticas con el Vaticano. Yo las reanudé. Y propuse como Arzobispo al que había sido mi profesor de Teología cuando estuve en el Seminario. Mi proposición fue acogida por el Papa.
   -¿Estudiaste para cura?
   -Sí. Sólo unos pocos años. Después me salí porque privilegié mi camino político, más aún perteneciendo a un partido que no tenía nada de religioso.
   -¿Cómo resultó eso de hacer las paces con la Iglesia?
   -Por un lado, gané enemigos en mi partido; y por otro lado, los fanáticos religiosos, que me habían odiado, siguieron odiándome.
   -Los odios de los fanáticos..., han producido tanto mal en el mundo.
   -Y no sólo en el ámbito religioso.
   -Claro que no... Tantas guerras... Recuerdo una vez que yo estaba indignado por la conducta guerrera de mi país, estando yo en Chile, durante el gobierno del centro, lavé la bandera de USA frente a la Embajada en Santiago.
   -Eres un gringo pacifista.
   -Pacifista activo. Esa vez fui detenido, pero al poco rato me soltaron.
   -¿Qué pasó después del gobierno socialista?
   -Ni te cuento. Fue atroz. Pero, yo ya no estaba en Chile. Me había ido a Argentina, en busca de algo que para mí era primordial.
   -¿Qué era tan primordial?
   -Yo quería ser actor. Pero, en Chile el cine estaba poco desarrollado.
   -¿Le llamas "cine" al teatro?
   -Tiene que ver con teatro. Imagínate proyectar en la pared una sucesión de fotografías, dando la sensación de movimiento.
   -¡Ah! Ya recuerdo que algo de eso estaba en investigación. ¿Cómo te fue en el cine argentino?
   -No tuve mucho éxito. Y me vi obligado a salir de urgencia hacia Europa, porque irrumpió también una dictadura militar.
   -Me da mucha tristeza al escucharte. Mi gobierno también terminó mal.
   -Sí. Supe que se te armó una guerra civil. ¿Cómo fue eso?
   -Mira... Yo propiciaba la intervención del Estado en la Economía para lograr la industrialización. Hubo tal oposición que perdí el apoyo de los partidos políticos. Empezaron a rechazar todo.
   -Ya veo. Y ellos manejan el Parlamento.
   -Efectivamente, así quedó trazado el conflicto.
   -Irreconciliable..., ya lo sé.
   -Incluso, intenté que pudiera haber un nuevo Congreso.
   -¿Funcionó?
   -No. A tal punto que, la Armada intentó tomarse el poder. Y para peor, las Fuerzas Armadas estaban divididas.
   -El resto..., ya lo sabemos.
   -Tuve que enfrentarme a una muerte violenta.
   -Lamentable.
   -¿Y tú?
   -A mí también me tocó una muerte violenta.
   -Cuéntame.
   -Desde el nuevo principio... Otra vez.
   -Te escucho.
   -Te estaba contando que me fui a Europa, porque ya no era bien recibido en ningún país del continente americano.
   -¿Ni siquiera en los Estados Unidos?
   -Ni siquiera. En Europa me dediqué, en alguna medida, a cantar rock y canciones de protesta que aprendí en Chile. Cierta vez, se me acercó un señor importante de la RDA...
   -Explícame... ¿qué es la RDA?
   -¡Ah! Veo que eso todavía no era el principio... Bueno, ocurrió algo muy sangriento en el mundo, a mediados del siglo veinte, una guerra devastadora. Un nefasto dictador alemán fue el gran derrotado al término de esa guerra que él había provocado. Su país sufrió una división. Una parte del territorio pasó a ser controlada por uno de los países vencedores, con un sistema político autoritario, basado en las ideas del economista Marx.
   -¿El que escribió "El capital"?
   -Justamente.
   -Ya voy entendiendo. Supongo que dicho territorio es lo que llaman RDA.
   -Así es. Esta RDA dio asilo a muchos refugiados chilenos. El caso es que me fui a trabajar a la RDA. Como cantante de rock, ya que la juventud de ese país quería a los ídolos de la música de ese entonces, y se los tenían prohibidos. Para ese gobierno, yo fui la gran solución a un problema social que tenían.
   -¡Qué increíble! Las cosas que han pasado en el mundo.
   -Para mí fue una experiencia importante, pero incomprendida.
   -¿Y entonces?
   -Algunas autoridades desconfiaban de mí, como si fuera espía.
   -Estabas en un callejón sin salida... Como estuve yo.
   -Quise volver a Chile, en plena dictadura. Ese pueblo, tan querido por mí... Tu pueblo, que luchaba como podía.
   -Fuiste valiente.
   -Pude entrar a Chile, y me presenté a cantar la protesta en un pueblo minero, y también en la Universidad.
   -¿Y qué te hicieron?
   -Querían ponerme en la frontera con Argentina, pero el gobierno de ese país protestó a través de su Embajada. Al final me pusieron en un avión con destino a New York.
   -En tu país de origen, nuevamente.
   -Tampoco me quisieron. Volví a la RDA. Al poco tiempo, me agarraron unos tipos y sumergieron mi cabeza en el lago. No supe más.
   -¿Así fue como llegaste acá?
   -Ése fue mi tránsito.
   -Tuvimos caminos tan parecidos y tan distintos a la vez.
   -Fue bueno encontrarnos y compartir.
   -Seguiremos adelante, de alguna manera.
   -Parecida y distinta a la vez.
   -Adiós.
   -Adiós.