Babel
(del libro “Presencias antiguas”)
Antes, todos los cristianos del mundo hablaban el mismo lenguaje religioso. El del Camino. Aquel que fue enseñado por los apóstoles de los primeros siglos.
Sin embargo, un día, se dijeron "Construyamos una ciudad nueva, con una torre muy alta, que llegue hasta el cielo". Y se dispusieron a ello. Durante varios siglos se metieron en un intenso trabajo, trayendo piedras de distintas partes. Y dibujando planos y mapas topográficos, también estructurales. Querían ser famosos, y evitar tener que dispersarse por toda la tierra, como mandó el Señor, que había venido a salvar a todos.
Esto era una increíble falta de fidelidad que, necesariamente, iba a desembocar en algo imprevisto. Así fue como, año tras año, los arquitectos empezaron a expresarse en distinto lenguaje que los albañiles, y distinto al de los carpinteros. Incluso, entre trabajadores vecinos que tendrían que complementarse, ya no se entendían. Se armó una confusión tan grande como la construcción que intentaban, la que quedó sin terminar.
En vez de una torre surgieron miles de corrientes de teólogos, unos más dogmáticos que otros, con distintas devociones. No se entendían entre ellos. Todo esto, a medida que se iban dispersando por todo el mundo.
Algún día, no muy lejano, aprenderán a traducir de un lenguaje a otro , para volver a entenderse como al principio. Inspirados por el Espíritu, comenzarán a hablar en otras lenguas.